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Los médicos advierten contra el sushi después de encontrar gusanos vivos en el intestino del paciente

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La afección se encuentra comúnmente en lugares donde es popular comer pescado crudo, como Japón.

Los médicos dicen que la afección está creciendo en los países occidentales debido al aumento de la popularidad del sushi.

Los médicos han advertido sobre el consumo de crudos o poco cocidos. pez conduciendo a una condición llamada anisakiasis, en el que un gusano se adhiere al esófago, estómago o intestino, de acuerdo con la Centros de Control y Prevención de Enfermedades. Uno de los últimos incidentes involucra a un hombre de 32 años de Portugal que experimentó vómitos, dolor de estómago y fiebre durante una semana después de comer. pescado crudo a partir de una restaurante japonés, El Telégrafo informó.

Los médicos realizaron una endoscopia y encontraron un retorcimiento gusano enterrado en el revestimiento intestinal del hombre. Después de extraer la larva con una red Roth, los síntomas del paciente mejoraron.

en un Reporte de un caso, La Dra. Joana Carmo, gastroenteróloga del Hospital de Egas Moniz en Lisboa, advierte que la condición podría simular un “abdomen quirúrgico agudo” o un dolor abdominal intenso y repentino. Otros síntomas incluyen náuseas, vómitos, hemorragia digestiva, obstrucción intestinal y perforación y peritonitis del tracto gastrointestinal.

Para leer sobre 10 cosas que no sabías sobre el sushi, haz clic aquí.


CIENCIA / MEDICINA: Plaga de parásitos intestinales Tercer mundo: Salud: Un problema poco reconocido se considera un obstáculo para el progreso en los países en desarrollo.

El Tercer Mundo se enfrenta a numerosos problemas económicos y de salud, pero hay un flagelo poco reconocido que representa un obstáculo importante para la prosperidad futura en los países del Tercer Mundo: las lombrices intestinales.

Las enfermedades causadas por parásitos son un grupo diverso que va desde la malaria hasta una serie de enfermedades que son en gran parte desconocidas en los países desarrollados y que requieren una variedad de métodos de control. Una categoría especial son los parásitos intestinales, que hasta hace poco habían recibido menos atención porque se los consideraba relativamente inocuos. Los ejemplos más comunes son anquilostomas, lombrices intestinales y tricocéfalos.

Estudios recientes indican que las infecciones por estos gusanos juegan un papel mucho más importante en la pérdida de energía y bienestar de lo que se creía anteriormente. Y los estudios han estimulado un aumento en el tratamiento farmacológico de las aflicciones, un enfoque que ha demostrado ser muy controvertido.

Quizás solo el hambre y la malaria superan a las infecciones por gusanos intestinales como los principales productores de miseria y pérdidas económicas en el mundo en desarrollo. Los expertos internacionales en salud estiman que el número de personas infectadas en la actualidad en todo el mundo probablemente iguale, o incluso supere, el número de infectados hace 50 años.

Dicen que al menos una cuarta parte de los 5 mil millones de personas que viven hoy en día tienen gusanos, a menudo más de un tipo. La gran mayoría son las mismas personas en el mundo en desarrollo para quienes la desnutrición es también una causa principal de enfermedad y letargo.

“Quizás hasta la mitad de todos los casos de desnutrición infantil severa. . . se precipitan no principalmente por la falta de alimentos, sino por los parásitos intestinales, la fiebre y las infecciones, especialmente las diarreas, que deprimen el apetito, queman la energía y agotan el peso corporal del niño ”, declara James P. Grant, ejecutivo director del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia.

Los expertos advierten que el problema de las enfermedades parasitarias en los países en desarrollo es tan grave que ni el desarrollo económico, el control de la población ni la ayuda exterior serán suficientes para fomentar la prosperidad en esos países hasta que se controlen las enfermedades.

El Dr. Andrew Davis, director de enfermedades parasitarias de la Organización Mundial de la Salud, dice: “No es realista esperar un rápido avance en los países del Tercer Mundo, que, además de sus desgracias económicas, están totalmente sobrecargados con problemas aplastantes de enfermedades que disminuyen la producción de tanto a individuos como a comunidades ".

Se sabe desde el siglo pasado que las instalaciones sanitarias, el agua potable y la higiene personal son las formas de controlar las lombrices intestinales. A excepción de los focos de infección debidos en gran parte a las poblaciones de refugiados, es por eso que las lombrices intestinales no son un problema importante en los Estados Unidos. Los organismos internacionales de ayuda se han esforzado la mayor parte de este siglo por mejorar el saneamiento y la conciencia pública del papel esencial del saneamiento en el Tercer Mundo mediante la financiación de proyectos de purificación de agua y construcción de letrinas y programas de educación sanitaria.

Actualmente, la Organización Mundial de la Salud está terminando un impulso de una década para extender los servicios de agua potable y saneamiento a cientos de millones de personas que viven en barrios marginales rurales y urbanos. Si bien se han logrado avances y el impulso continuará, UNICEF estima que 800 millones de personas aún no tendrán acceso a suministros de agua potable y 1.300 millones carecerán de servicios de saneamiento adecuados.

Otro problema es la dificultad de persuadir a la gente para que cambie eones de hábitos utilizando letrinas, que consideran limitadas y una molestia de mantener. En una aldea mexicana donde los trabajadores de salud finalmente lograron que los residentes usaran letrinas de pozo recién instaladas, la cooperación terminó abruptamente cuando un niño se cayó por la abertura del asiento.

Aunque desde hace algún tiempo se dispone de una amplia selección de medicamentos antiparasitarios, los médicos que trabajan en el mundo en desarrollo se han mostrado reacios a utilizarlos a gran escala. Creen que la ausencia de instalaciones sanitarias adecuadas y una buena higiene hacen que el tratamiento generalizado de la drogadicción sea económicamente inútil porque las personas pronto se reinfectan.

Recientemente, sin embargo, ha habido indicios de que la actitud tradicional hacia el tratamiento por drogadicción puede estar cambiando, pero no sin la oposición de quienes temen que el tratamiento pueda llevar a una disminución de la atención a la prevención mediante el saneamiento. En los últimos años, nuevos estudios han indicado que tratar a los niños muy infectados dentro de una comunidad tiene beneficios para la salud de toda la comunidad que pueden justificar el costo, aunque los jóvenes posteriormente se reinfectan.

Según el Dr. Michael C. Latham, director del programa de nutrición internacional de la Universidad de Cornell, los estudios de los últimos cinco años revelan que las consecuencias para la salud de la infección en los niños, el grupo de edad más vulnerable, son mucho más graves que antes. creía. Por ejemplo, de los mil millones de personas infectadas con lombrices intestinales, alrededor de un millón adquieren obstrucciones intestinales que provocan entre 50.000 y 100.000 muertes al año, según Latham.

Los gusanos redondos, anquilostomas y tricocéfalos también aumentan los efectos debilitantes de la desnutrición al causar anemia o disminuir la absorción de nutrientes o minar la energía que proviene de la proteína en los alimentos, lo que resulta en un crecimiento atrofiado y una mayor vulnerabilidad a otras infecciones.

En un estudio reciente realizado en Kenia, Latham y otros investigadores del Instituto de Investigación Médica de Kenia y la Universidad McMaster en Canadá demostraron que tratar a los niños con una sola dosis de un fármaco antiparasitario, albendazol, trajo mejoras muy significativas en las tasas de crecimiento en comparación con los niños no tratados. . La droga se considera valiosa porque es eficaz contra cada una de las etapas del ciclo de vida de los tres tipos de gusanos.

Tratar a unos pocos miles de niños en un estudio y obtener buenos resultados es una cosa, dijo el Dr. Clive Shiff de la Escuela de Salud Pública Johns Hopkins, pero incluso para las agencias internacionales es otra cosa hacerlo a escala global. "Es éticamente necesario", dijo, "pero no asequible". No obstante, según el Dr. Peter Schantz de los Centros para el Control de Enfermedades de EE. UU., El interés en el enfoque farmacológico es suficiente para que los CDC planifiquen sus propias pruebas de campo para verificar los hallazgos positivos de los estudios de Kenia y Montserrat.

PARÁSITOS INTESTINALES PLAGA GUSANO DEL GANCHO DEL TERCER MUNDO Las larvas penetran en la piel humana (1), entran en el torrente sanguíneo y son llevadas al corazón (2), llegan a los pulmones a través de la arteria pulmonar, penetran en los alvéolos y entran en los bronquios (3), ascienden por la tráquea hasta la faringe y se tragan (4) ). Los gusanos maduros se desarrollan en el duodeno y el yeyuno, muerden la mucosa y chupan sangre (5). Huevos fertilizados descargados en heces (6). WHIPWORM Los huevos se ingieren con alimentos contaminados (1), las larvas dejan los huevos y se desarrollan en formas adultas (2), los gusanos adultos migran al ciego y al apéndice donde viven y se reproducen (3). Huevos fertilizados expulsados ​​en las heces (4). GUSANO REDONDO Los huevos se ingieren con los alimentos (1), las larvas emergen en el intestino delgado (2), penetran la pared intestinal y pasan al corazón (3), llegan al pulmón por la arteria pulmonar, penetran los alvéolos y entran en los bronquios (4), ascienden por la tráquea hasta la laringe y son ingerido (5). Las larvas se convierten en gusanos adultos en el intestino delgado (6) y pueden pasar a otros órganos. Huevos expulsados ​​con heces (7).


CIENCIA / MEDICINA: Plaga de parásitos intestinales Tercer mundo: Salud: Un problema poco reconocido se considera un obstáculo para el progreso en los países en desarrollo.

El Tercer Mundo se enfrenta a numerosos problemas económicos y de salud, pero hay un flagelo poco reconocido que representa un obstáculo importante para la prosperidad futura en los países del Tercer Mundo: las lombrices intestinales.

Las enfermedades causadas por parásitos son un grupo diverso que va desde la malaria hasta una serie de enfermedades que son en gran parte desconocidas en los países desarrollados y que requieren una variedad de métodos de control. Una categoría especial son los parásitos intestinales, que hasta hace poco habían recibido menos atención porque se los consideraba relativamente inocuos. Los ejemplos más comunes son anquilostomas, lombrices intestinales y tricocéfalos.

Estudios recientes indican que las infecciones por estos gusanos juegan un papel mucho más importante en la pérdida de energía y bienestar de lo que se creía anteriormente. Y los estudios han estimulado un aumento en el tratamiento farmacológico de las aflicciones, un enfoque que ha demostrado ser muy controvertido.

Quizás solo el hambre y la malaria superan a las infecciones por gusanos intestinales como los principales productores de miseria y pérdidas económicas en el mundo en desarrollo. Los expertos internacionales en salud estiman que el número de personas infectadas en la actualidad en todo el mundo probablemente iguale, o incluso supere, el número de infectados hace 50 años.

Dicen que al menos una cuarta parte de los 5 mil millones de personas que viven hoy en día tienen gusanos, a menudo más de un tipo. La gran mayoría son las mismas personas en el mundo en desarrollo para quienes la desnutrición es también una causa principal de enfermedad y letargo.

“Quizás hasta la mitad de todos los casos de desnutrición infantil severa. . . se precipitan no principalmente por la falta de alimentos, sino por los parásitos intestinales, la fiebre y las infecciones, especialmente las diarreas, que deprimen el apetito, queman la energía y agotan el peso corporal del niño ”, declara James P. Grant, ejecutivo director del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia.

Los expertos advierten que el problema de las enfermedades parasitarias en los países en desarrollo es tan grave que ni el desarrollo económico, el control de la población ni la ayuda exterior serán suficientes para fomentar la prosperidad en esos países hasta que se controlen las enfermedades.

El Dr. Andrew Davis, director de enfermedades parasitarias de la Organización Mundial de la Salud, dice: “No es realista esperar un rápido avance en los países del Tercer Mundo, que, además de sus desgracias económicas, están totalmente sobrecargados con problemas aplastantes de enfermedades que disminuyen la producción de tanto a individuos como a comunidades ".

Se sabe desde el siglo pasado que las instalaciones sanitarias, el agua potable y la higiene personal son las formas de controlar las lombrices intestinales. A excepción de los focos de infección debidos en gran parte a las poblaciones de refugiados, es por eso que las lombrices intestinales no son un problema importante en los Estados Unidos. Los organismos internacionales de ayuda se han esforzado la mayor parte de este siglo por mejorar el saneamiento y la conciencia pública del papel esencial del saneamiento en el Tercer Mundo mediante la financiación de proyectos de purificación de agua y construcción de letrinas y programas de educación sanitaria.

Actualmente, la Organización Mundial de la Salud está terminando un impulso de una década para extender los servicios de agua potable y saneamiento a cientos de millones de personas que viven en barrios marginales rurales y urbanos. Si bien se han logrado avances y el impulso continuará, UNICEF estima que 800 millones de personas aún no tendrán acceso a suministros de agua potable y 1.300 millones carecerán de servicios de saneamiento adecuados.

Otro problema es la dificultad de persuadir a la gente para que cambie eones de hábitos utilizando letrinas, que consideran limitadas y una molestia de mantener. En una aldea mexicana donde los trabajadores de salud finalmente lograron que los residentes usaran letrinas de pozo recién instaladas, la cooperación terminó abruptamente cuando un niño se cayó por la abertura del asiento.

Aunque desde hace algún tiempo se dispone de una amplia selección de medicamentos antiparasitarios, los médicos que trabajan en el mundo en desarrollo se han mostrado reacios a utilizarlos a gran escala. Creen que la ausencia de instalaciones de saneamiento adecuadas y una buena higiene hacen que el tratamiento generalizado de la drogadicción sea económicamente inútil porque las personas pronto se reinfectan.

Recientemente, sin embargo, ha habido indicios de que la actitud tradicional hacia el tratamiento por drogadicción puede estar cambiando, pero no sin la oposición de quienes temen que el tratamiento pueda llevar a una disminución de la atención a la prevención mediante el saneamiento. En los últimos años, nuevos estudios han indicado que tratar a los niños muy infectados dentro de una comunidad tiene beneficios para la salud de toda la comunidad que pueden justificar el costo, aunque los jóvenes posteriormente se reinfectan.

Según el Dr. Michael C. Latham, director del programa de nutrición internacional de la Universidad de Cornell, los estudios de los últimos cinco años revelan que las consecuencias para la salud de la infección en los niños, el grupo de edad más vulnerable, son mucho más graves que antes. creía. Por ejemplo, de los mil millones de personas infectadas con lombrices intestinales, alrededor de un millón adquieren obstrucciones intestinales que provocan entre 50.000 y 100.000 muertes al año, según Latham.

Los gusanos redondos, anquilostomas y tricocéfalos también aumentan los efectos debilitantes de la desnutrición al causar anemia o disminuir la absorción de nutrientes o minar la energía que proviene de la proteína en los alimentos, lo que resulta en un crecimiento atrofiado y una mayor vulnerabilidad a otras infecciones.

En un estudio reciente realizado en Kenia, Latham y otros investigadores del Instituto de Investigación Médica de Kenia y la Universidad McMaster en Canadá demostraron que tratar a los niños con una sola dosis de un fármaco antiparasitario, albendazol, trajo mejoras muy significativas en las tasas de crecimiento en comparación con los niños no tratados. . La droga se considera valiosa porque es eficaz contra cada una de las etapas del ciclo de vida de los tres tipos de gusanos.

Tratar a unos pocos miles de niños en un estudio y obtener buenos resultados es una cosa, dijo el Dr. Clive Shiff de la Escuela de Salud Pública Johns Hopkins, pero incluso para las agencias internacionales es otra cosa hacerlo a escala global. "Es éticamente necesario", dijo, "pero no asequible". Sin embargo, según el Dr. Peter Schantz de los Centros para el Control de Enfermedades de EE. UU., El interés en el enfoque farmacológico es suficiente para que los CDC planifiquen sus propias pruebas de campo para verificar los hallazgos positivos de los estudios de Kenia y Montserrat.

PARÁSITOS INTESTINALES PLAGA GUSANO DEL GANCHO DEL TERCER MUNDO Las larvas penetran en la piel humana (1), ingresan al torrente sanguíneo y son llevadas al corazón (2), alcanzan los pulmones a través de la arteria pulmonar, penetran en los alvéolos y entran en los bronquios (3), ascienden por la tráquea hasta la faringe y se tragan (4) ). Los gusanos maduros se desarrollan en el duodeno y el yeyuno, muerden la mucosa y chupan sangre (5). Huevos fertilizados descargados en heces (6). WHIPWORM Los huevos se ingieren con alimentos contaminados (1), las larvas dejan los huevos y se desarrollan en formas adultas (2), los gusanos adultos migran al ciego y al apéndice donde viven y se reproducen (3). Huevos fertilizados expulsados ​​en las heces (4). GUSANO REDONDO Los huevos se ingieren con los alimentos (1), las larvas emergen en el intestino delgado (2), penetran la pared intestinal y pasan al corazón (3), llegan al pulmón por la arteria pulmonar, penetran los alvéolos y entran en los bronquios (4), ascienden por la tráquea hasta la laringe y son ingerido (5). Las larvas se convierten en gusanos adultos en el intestino delgado (6) y pueden pasar a otros órganos. Huevos expulsados ​​con heces (7).


CIENCIA / MEDICINA: Plaga de parásitos intestinales Tercer mundo: Salud: Un problema poco reconocido se considera un obstáculo para el progreso en los países en desarrollo.

El Tercer Mundo se enfrenta a numerosos problemas económicos y de salud, pero hay un flagelo poco reconocido que representa un obstáculo importante para la prosperidad futura en los países del Tercer Mundo: las lombrices intestinales.

Las enfermedades causadas por parásitos son un grupo diverso que va desde la malaria hasta una serie de enfermedades que son en gran parte desconocidas en los países desarrollados y que requieren una variedad de métodos para controlarlas. Una categoría especial son los parásitos intestinales, que hasta hace poco habían recibido menos atención porque se los consideraba relativamente inocuos. Los ejemplos más comunes son anquilostomas, lombrices intestinales y tricocéfalos.

Estudios recientes indican que las infecciones por estos gusanos juegan un papel mucho más importante en la pérdida de energía y bienestar de lo que se creía anteriormente. Y los estudios han estimulado un aumento en el tratamiento farmacológico de las aflicciones, un enfoque que ha demostrado ser muy controvertido.

Quizás solo el hambre y la malaria superan a las infecciones por gusanos intestinales como los principales productores de miseria y pérdidas económicas en el mundo en desarrollo. Los expertos internacionales en salud estiman que el número de personas infectadas en la actualidad en todo el mundo probablemente iguale, o incluso supere, el número de infectados hace 50 años.

Dicen que al menos una cuarta parte de los 5 mil millones de personas que viven hoy en día tienen gusanos, a menudo más de un tipo. La gran mayoría son las mismas personas en el mundo en desarrollo para quienes la desnutrición es también una causa principal de enfermedad y letargo.

“Quizás hasta la mitad de todos los casos de desnutrición infantil severa. . . se precipitan no principalmente por la falta de alimentos, sino por los parásitos intestinales, la fiebre y las infecciones, especialmente las diarreas, que deprimen el apetito, queman la energía y agotan el peso corporal del niño ”, declara James P. Grant, ejecutivo director del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia.

Los expertos advierten que el problema de las enfermedades parasitarias en los países en desarrollo es tan grave que ni el desarrollo económico, el control de la población ni la ayuda exterior serán suficientes para fomentar la prosperidad en esos países hasta que se controlen las enfermedades.

El Dr. Andrew Davis, director de enfermedades parasitarias de la Organización Mundial de la Salud, dice: “No es realista esperar un rápido avance en los países del Tercer Mundo, que, además de sus desgracias económicas, están totalmente sobrecargados con problemas aplastantes de enfermedades que disminuyen la producción de tanto a individuos como a comunidades ".

Se sabe desde el siglo pasado que las instalaciones sanitarias, el agua potable y la higiene personal son las formas de controlar las lombrices intestinales. A excepción de los focos de infección debidos en gran parte a las poblaciones de refugiados, es por eso que las lombrices intestinales no son un problema importante en los Estados Unidos. Los organismos internacionales de ayuda se han esforzado la mayor parte de este siglo por mejorar el saneamiento y la conciencia pública del papel esencial del saneamiento en el Tercer Mundo mediante la financiación de proyectos de purificación de agua y construcción de letrinas y programas de educación sanitaria.

Actualmente, la Organización Mundial de la Salud está terminando un impulso de una década para extender los servicios de agua potable y saneamiento a cientos de millones de personas que viven en barrios marginales rurales y urbanos. Si bien se han logrado avances y el impulso continuará, UNICEF estima que 800 millones de personas aún no tendrán acceso a suministros de agua potable y 1.300 millones carecerán de servicios de saneamiento adecuados.

Otro problema es la dificultad de persuadir a la gente para que cambie eones de hábitos utilizando letrinas, que consideran limitadas y una molestia de mantener. En una aldea mexicana donde los trabajadores de salud finalmente lograron que los residentes usaran letrinas de pozo recién instaladas, la cooperación terminó abruptamente cuando un niño se cayó por la abertura del asiento.

Aunque desde hace algún tiempo se dispone de una amplia selección de medicamentos antiparasitarios, los médicos que trabajan en el mundo en desarrollo se han mostrado reacios a utilizarlos a gran escala. Creen que la ausencia de instalaciones de saneamiento adecuadas y una buena higiene hacen que el tratamiento generalizado de la drogadicción sea económicamente inútil porque las personas pronto se reinfectan.

Recientemente, sin embargo, ha habido indicios de que la actitud tradicional hacia el tratamiento por drogadicción puede estar cambiando, pero no sin la oposición de quienes temen que el tratamiento pueda llevar a una disminución de la atención a la prevención mediante el saneamiento. En los últimos años, nuevos estudios han indicado que tratar a los niños muy infectados dentro de una comunidad tiene beneficios para la salud de toda la comunidad que pueden justificar el costo, aunque los jóvenes posteriormente se reinfectan.

Según el Dr. Michael C. Latham, director del programa de nutrición internacional de la Universidad de Cornell, los estudios de los últimos cinco años revelan que las consecuencias para la salud de la infección en los niños, el grupo de edad más vulnerable, son mucho más graves que antes. creído. Por ejemplo, de los mil millones de personas infectadas con lombrices intestinales, alrededor de un millón adquieren obstrucciones intestinales que provocan entre 50.000 y 100.000 muertes al año, según Latham.

Los gusanos redondos, anquilostomas y tricocéfalos también aumentan los efectos debilitantes de la desnutrición al causar anemia o disminuir la absorción de nutrientes o minar la energía que proviene de la proteína en los alimentos, lo que resulta en un crecimiento atrofiado y una mayor vulnerabilidad a otras infecciones.

En un estudio reciente realizado en Kenia, Latham y otros investigadores del Instituto de Investigación Médica de Kenia y la Universidad McMaster en Canadá demostraron que tratar a los niños con una sola dosis de un fármaco antiparasitario, albendazol, trajo mejoras muy significativas en las tasas de crecimiento en comparación con los niños no tratados. . La droga se considera valiosa porque es eficaz contra cada una de las etapas del ciclo de vida de los tres tipos de gusanos.

Tratar a unos pocos miles de niños en un estudio y obtener buenos resultados es una cosa, dijo el Dr. Clive Shiff de la Escuela de Salud Pública Johns Hopkins, pero incluso para las agencias internacionales es otra cosa hacerlo a escala global. "Es éticamente necesario", dijo, "pero no asequible". Sin embargo, según el Dr. Peter Schantz de los Centros para el Control de Enfermedades de EE. UU., El interés en el enfoque farmacológico es suficiente para que los CDC planifiquen sus propias pruebas de campo para verificar los hallazgos positivos de los estudios de Kenia y Montserrat.

PARÁSITOS INTESTINALES PLAGA GUSANO DEL GANCHO DEL TERCER MUNDO Las larvas penetran en la piel humana (1), entran en el torrente sanguíneo y son llevadas al corazón (2), llegan a los pulmones a través de la arteria pulmonar, penetran en los alvéolos y entran en los bronquios (3), ascienden por la tráquea hasta la faringe y se tragan (4) ). Los gusanos maduros se desarrollan en el duodeno y el yeyuno, muerden la mucosa y chupan sangre (5). Huevos fertilizados descargados en heces (6). WHIPWORM Los huevos se ingieren con alimentos contaminados (1), las larvas dejan los huevos y se desarrollan en formas adultas (2), los gusanos adultos migran al ciego y al apéndice donde viven y se reproducen (3). Huevos fertilizados expulsados ​​en las heces (4). GUSANO REDONDO Los huevos se ingieren con los alimentos (1), las larvas emergen en el intestino delgado (2), penetran la pared intestinal y pasan al corazón (3), llegan al pulmón por la arteria pulmonar, penetran los alvéolos y entran en los bronquios (4), ascienden por la tráquea hasta la laringe y son ingerido (5). Las larvas se convierten en gusanos adultos en el intestino delgado (6) y pueden pasar a otros órganos. Huevos expulsados ​​con heces (7).


CIENCIA / MEDICINA: Plaga de parásitos intestinales Tercer mundo: Salud: Un problema poco reconocido se considera un obstáculo para el progreso en los países en desarrollo.

El Tercer Mundo se enfrenta a numerosos problemas económicos y de salud, pero hay un flagelo poco reconocido que representa un obstáculo importante para la prosperidad futura en los países del Tercer Mundo: las lombrices intestinales.

Las enfermedades causadas por parásitos son un grupo diverso que va desde la malaria hasta una serie de enfermedades que son en gran parte desconocidas en los países desarrollados y que requieren una variedad de métodos para controlarlas. Una categoría especial son los parásitos intestinales, que hasta hace poco habían recibido menos atención porque se los consideraba relativamente inocuos. Los ejemplos más comunes son anquilostomas, lombrices intestinales y tricocéfalos.

Estudios recientes indican que las infecciones por estos gusanos juegan un papel mucho más importante en la pérdida de energía y bienestar de lo que se creía anteriormente. Y los estudios han estimulado un aumento en el tratamiento farmacológico de las aflicciones, un enfoque que ha demostrado ser muy controvertido.

Quizás solo el hambre y la malaria superan a las infecciones por gusanos intestinales como los principales productores de miseria y pérdidas económicas en el mundo en desarrollo. Los expertos en salud internacional estiman que el número de personas infectadas en la actualidad en todo el mundo probablemente iguale, o incluso supere, el número de infectados hace 50 años.

Dicen que al menos una cuarta parte de los 5 mil millones de personas que viven hoy en día tienen gusanos, a menudo más de un tipo. La gran mayoría son las mismas personas en el mundo en desarrollo para quienes la desnutrición es también una causa principal de enfermedad y letargo.

“Quizás hasta la mitad de todos los casos de desnutrición infantil severa. . . se precipitan no principalmente por la falta de alimentos, sino por los parásitos intestinales, la fiebre y las infecciones, especialmente las diarreas, que deprimen el apetito, queman la energía y agotan el peso corporal del niño ”, declara James P. Grant, ejecutivo director del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia.

Los expertos advierten que el problema de las enfermedades parasitarias en los países en desarrollo es tan grave que ni el desarrollo económico, el control de la población ni la ayuda exterior serán suficientes para fomentar la prosperidad en esos países hasta que se controlen las enfermedades.

El Dr. Andrew Davis, director de enfermedades parasitarias de la Organización Mundial de la Salud, dice: “No es realista esperar un rápido avance en los países del Tercer Mundo, que, además de sus desgracias económicas, están totalmente sobrecargados con problemas aplastantes de enfermedades que disminuyen la producción de tanto a individuos como a comunidades ".

Se sabe desde el siglo pasado que las instalaciones sanitarias, el agua potable y la higiene personal son las formas de controlar las lombrices intestinales. A excepción de los focos de infección debidos en gran parte a las poblaciones de refugiados, es por eso que las lombrices intestinales no son un problema importante en los Estados Unidos. Los organismos internacionales de ayuda se han esforzado la mayor parte de este siglo por mejorar el saneamiento y la conciencia pública del papel esencial del saneamiento en el Tercer Mundo mediante la financiación de proyectos de purificación de agua y construcción de letrinas y programas de educación sanitaria.

Actualmente, la Organización Mundial de la Salud está terminando un impulso de una década para extender los servicios de agua potable y saneamiento a cientos de millones de personas que viven en barrios marginales rurales y urbanos. Si bien se han logrado avances y el impulso continuará, UNICEF estima que 800 millones de personas aún no tendrán acceso a suministros de agua potable y 1.300 millones carecerán de servicios de saneamiento adecuados.

Otro problema es la dificultad de persuadir a la gente para que cambie eones de hábitos utilizando letrinas, que consideran limitadas y una molestia de mantener. En una aldea mexicana donde los trabajadores de salud finalmente lograron que los residentes usaran letrinas de pozo recién instaladas, la cooperación terminó abruptamente cuando un niño se cayó por la abertura del asiento.

Aunque desde hace algún tiempo se dispone de una amplia selección de medicamentos antiparasitarios, los médicos que trabajan en el mundo en desarrollo se han mostrado reacios a utilizarlos a gran escala. Creen que la ausencia de instalaciones de saneamiento adecuadas y una buena higiene hacen que el tratamiento generalizado de la drogadicción sea económicamente inútil porque las personas pronto se reinfectan.

Recientemente, sin embargo, ha habido indicios de que la actitud tradicional hacia el tratamiento por drogadicción puede estar cambiando, pero no sin la oposición de quienes temen que el tratamiento pueda llevar a una disminución de la atención a la prevención mediante el saneamiento. En los últimos años, nuevos estudios han indicado que tratar a los niños muy infectados dentro de una comunidad tiene beneficios para la salud de toda la comunidad que pueden justificar el costo, aunque los jóvenes posteriormente se reinfectan.

Según el Dr. Michael C. Latham, director del programa de nutrición internacional de la Universidad de Cornell, los estudios de los últimos cinco años revelan que las consecuencias para la salud de la infección en los niños, el grupo de edad más vulnerable, son mucho más graves que antes. creía. Por ejemplo, de los mil millones de personas infectadas con lombrices intestinales, alrededor de un millón adquieren obstrucciones intestinales que provocan entre 50.000 y 100.000 muertes al año, según Latham.

Los gusanos redondos, anquilostomas y tricocéfalos también aumentan los efectos debilitantes de la desnutrición al causar anemia o disminuir la absorción de nutrientes o minar la energía que proviene de la proteína en los alimentos, lo que resulta en un crecimiento atrofiado y una mayor vulnerabilidad a otras infecciones.

En un estudio reciente realizado en Kenia, Latham y otros investigadores del Instituto de Investigación Médica de Kenia y la Universidad McMaster en Canadá demostraron que tratar a los niños con una sola dosis de un fármaco antiparasitario, albendazol, trajo mejoras muy significativas en las tasas de crecimiento en comparación con los niños no tratados. . La droga se considera valiosa porque es eficaz contra cada una de las etapas del ciclo de vida de los tres tipos de gusanos.

Tratar a unos pocos miles de niños en un estudio y obtener buenos resultados es una cosa, dijo el Dr. Clive Shiff de la Escuela de Salud Pública Johns Hopkins, pero incluso para las agencias internacionales es otra cosa hacerlo a escala global. "Es éticamente necesario", dijo, "pero no asequible". No obstante, según el Dr. Peter Schantz de los Centros para el Control de Enfermedades de EE. UU., El interés en el enfoque farmacológico es suficiente para que los CDC estén planificando sus propias pruebas de campo para verificar los hallazgos positivos de los estudios de Kenia y Montserrat.

PARÁSITOS INTESTINALES PLAGA GUSANO GANCHO DEL TERCER MUNDO Las larvas penetran en la piel humana (1), ingresan al torrente sanguíneo y son transportadas al corazón (2), alcanzan los pulmones a través de la arteria pulmonar, penetran en los alvéolos y entran en los bronquios (3), ascienden por la tráquea hasta la faringe y se tragan (4) ). Los gusanos maduros se desarrollan en el duodeno y el yeyuno, muerden la mucosa y chupan sangre (5). Los óvulos fertilizados se descargan en las heces (6). WHIPWORM Los huevos se ingieren con alimentos contaminados (1), las larvas dejan los huevos y se desarrollan en formas adultas (2), los gusanos adultos migran al ciego y al apéndice donde viven y se reproducen (3). Huevos fertilizados expulsados ​​en las heces (4). ROUNDWORM Eggs ingested with food (1), larvae emerge in small intestine (2), penetrate gut wall and pass to heart (3), reach lung by pulmonary artery, penetrate alveoli and enter bronchi (4), ascend trachea to larynx and are swallowed (5). Larvae develop into adult worms in small intestine (6) and may pass to other organs. Eggs expelled in feces (7).


SCIENCE / MEDICINE : Intestinal Parasites Plague Third World : Health: A little-recognized problem is considered a roadblock to progress in developing nations.

The Third World is faced with numerous health and economic problems, but there is one little-recognized scourge that represents a significant roadblock to future prosperity in Third World countries: intestinal worms.

Diseases caused by parasites are a diverse group ranging from malaria to a number of illnesses that are largely unknown in developed countries and which require a variety of methods to control. A special category are the intestinal parasites, which until recently have received less attention because they have been considered to be relatively innocuous. The most common examples are hookworm, roundworm and whipworm.

Recent studies indicate that infections by these worms play a much larger role in sapping energy and well-being than previously believed. And the studies have spurred an increase in drug treatment of the afflictions, an approach that has proved highly controversial.

Perhaps only famine and malaria exceed intestinal worm infections as the leading producers of misery and economic loss in the developing world. International health experts estimate that the number of individuals infected today worldwide probably equals, or may even exceed, the number infected 50 years ago.

They say at least one-fourth of the 5 billion people living today have worms, often more than one kind. The vast majority are the same individuals in the developing world for whom malnutrition is also a primary cause of illness and lethargy.

“Perhaps as many as half of all cases of severe child malnutrition . . . are precipitated not primarily by the lack of food but by intestinal parasites, fever and infection--especially diarrheal infection--which depresses the appetite, burns the energy and drains away the body weight of the child,” declares James P. Grant, executive director of the United Nations Children’s Fund.

Experts warn that the problem of parasitic diseases in developing countries is so serious that neither economic development, population control nor foreign aid will suffice to foster prosperity in those countries until the diseases are controlled.

Dr. Andrew Davis, director of parasitic diseases for the World Health Organization, says: “It is unrealistic to expect rapid advancement in Third World countries, which, in addition to their economic misfortunes, are totally overburdened with crushing disease problems that diminish output of both individuals and communities.”

It has been known since the last century that sanitary facilities, clean water and personal hygiene are the ways to control intestinal worms. Except for pockets of infection due largely to refugee populations, that is why intestinal worms are not a major problem in the United States. International aid agencies have striven most of this century to improve sanitation and public awareness of sanitation’s essential role in the Third World by funding water purification and latrine-building projects and health education programs.

The World Health Organization currently is winding up a decade-long thrust to extend drinking water and sanitation services to hundreds of millions of people living in rural and urban slums. While gains have been made and the push will continue, UNICEF estimates that 800 million people still will be without access to safe water supplies and 1.3 billion will lack adequate sanitation services.

Another problem is the difficulty of persuading the people to change eons of habit by using latrines, which they view as confining and a nuisance to maintain. In one Mexican village where health workers finally managed to get the residents to use newly installed pit latrines, the cooperation ended abruptly when a child fell through the seat opening.

Although a wide selection of anti-worm drugs have been available for some time, physicians working in the developing world have been reluctant to use them on a wide scale. They believe that the absence of adequate sanitation facilities and good hygiene make widespread drug treatment economically useless because individuals soon become reinfected.

Recently, however, there have been signs that the traditional attitude toward drug treatment may be changing--but not without opposition from those who fear that treatment may lead to diminished attention to prevention through sanitation. In the last several years new studies have indicated that treating heavily infected children within a community has health benefits to the whole community that may justify the cost--even though the youngsters subsequently do become reinfected.

According to Dr. Michael C. Latham, director of the international nutrition program at Cornell University, studies over the last five years are revealing that the health consequences of infection in children--the most vulnerable age group--are far more serious than previously believed. For example, of the 1 billion people infected with roundworm, about a million acquire intestinal obstructions that result in between 50,000 and 100,000 deaths a year, according to Latham.

Roundworms, hookworms and whipworms also enhance the debilitating effects of malnutrition by causing anemia or decreasing absorption of nutrients or sapping the energy that comes from the protein in food, resulting in stunted growth and increased vulnerability to other infections.

In a recent study conducted in Kenya, Latham and other researchers from the Kenya Medical Research Institute and McMaster University in Canada showed that treating children with a single dose of an anti-worm drug, albendazole, brought highly significant improvements in growth rates over untreated children. The drug is seen as valuable because it is effective against each of the life-cycle stages of all three kinds of worms.

Treating a few thousand children in a study and getting good results is one thing, said Dr. Clive Shiff of the Johns Hopkins School of Public Health, but even for international agencies it’s another thing to do it on a global scale. “It’s ethically needed,” he said, “but not affordable.” Nevertheless, according to Dr. Peter Schantz of the U.S. Centers for Disease Control, interest in the drug approach is sufficient for CDC to be planning its own field trials to verify the positive findings of the Kenya and Montserrat studies.

INTESTINAL PARASITES PLAGUE THIRD WORLD HOOKWORM Larvae penetrate human skin (1), enter blood stream and are carried to heart (2), reach lung via pulmonary artery, penetrate alveoli and enter bronchi (3), ascend trachea to pharynx and are swallowed (4). Mature worms develop in duodenum and jejunum, bite into mucosa and suck blood (5). Fertilized ova discharged in feces (6). WHIPWORM Eggs are ingested with contaminated food (1), larvae leave egg and develop into adult forms (2), adult worms migrate to cecum and appendix where they live and reproduce (3). Fertilized eggs expelled in feces (4). ROUNDWORM Eggs ingested with food (1), larvae emerge in small intestine (2), penetrate gut wall and pass to heart (3), reach lung by pulmonary artery, penetrate alveoli and enter bronchi (4), ascend trachea to larynx and are swallowed (5). Larvae develop into adult worms in small intestine (6) and may pass to other organs. Eggs expelled in feces (7).


SCIENCE / MEDICINE : Intestinal Parasites Plague Third World : Health: A little-recognized problem is considered a roadblock to progress in developing nations.

The Third World is faced with numerous health and economic problems, but there is one little-recognized scourge that represents a significant roadblock to future prosperity in Third World countries: intestinal worms.

Diseases caused by parasites are a diverse group ranging from malaria to a number of illnesses that are largely unknown in developed countries and which require a variety of methods to control. A special category are the intestinal parasites, which until recently have received less attention because they have been considered to be relatively innocuous. The most common examples are hookworm, roundworm and whipworm.

Recent studies indicate that infections by these worms play a much larger role in sapping energy and well-being than previously believed. And the studies have spurred an increase in drug treatment of the afflictions, an approach that has proved highly controversial.

Perhaps only famine and malaria exceed intestinal worm infections as the leading producers of misery and economic loss in the developing world. International health experts estimate that the number of individuals infected today worldwide probably equals, or may even exceed, the number infected 50 years ago.

They say at least one-fourth of the 5 billion people living today have worms, often more than one kind. The vast majority are the same individuals in the developing world for whom malnutrition is also a primary cause of illness and lethargy.

“Perhaps as many as half of all cases of severe child malnutrition . . . are precipitated not primarily by the lack of food but by intestinal parasites, fever and infection--especially diarrheal infection--which depresses the appetite, burns the energy and drains away the body weight of the child,” declares James P. Grant, executive director of the United Nations Children’s Fund.

Experts warn that the problem of parasitic diseases in developing countries is so serious that neither economic development, population control nor foreign aid will suffice to foster prosperity in those countries until the diseases are controlled.

Dr. Andrew Davis, director of parasitic diseases for the World Health Organization, says: “It is unrealistic to expect rapid advancement in Third World countries, which, in addition to their economic misfortunes, are totally overburdened with crushing disease problems that diminish output of both individuals and communities.”

It has been known since the last century that sanitary facilities, clean water and personal hygiene are the ways to control intestinal worms. Except for pockets of infection due largely to refugee populations, that is why intestinal worms are not a major problem in the United States. International aid agencies have striven most of this century to improve sanitation and public awareness of sanitation’s essential role in the Third World by funding water purification and latrine-building projects and health education programs.

The World Health Organization currently is winding up a decade-long thrust to extend drinking water and sanitation services to hundreds of millions of people living in rural and urban slums. While gains have been made and the push will continue, UNICEF estimates that 800 million people still will be without access to safe water supplies and 1.3 billion will lack adequate sanitation services.

Another problem is the difficulty of persuading the people to change eons of habit by using latrines, which they view as confining and a nuisance to maintain. In one Mexican village where health workers finally managed to get the residents to use newly installed pit latrines, the cooperation ended abruptly when a child fell through the seat opening.

Although a wide selection of anti-worm drugs have been available for some time, physicians working in the developing world have been reluctant to use them on a wide scale. They believe that the absence of adequate sanitation facilities and good hygiene make widespread drug treatment economically useless because individuals soon become reinfected.

Recently, however, there have been signs that the traditional attitude toward drug treatment may be changing--but not without opposition from those who fear that treatment may lead to diminished attention to prevention through sanitation. In the last several years new studies have indicated that treating heavily infected children within a community has health benefits to the whole community that may justify the cost--even though the youngsters subsequently do become reinfected.

According to Dr. Michael C. Latham, director of the international nutrition program at Cornell University, studies over the last five years are revealing that the health consequences of infection in children--the most vulnerable age group--are far more serious than previously believed. For example, of the 1 billion people infected with roundworm, about a million acquire intestinal obstructions that result in between 50,000 and 100,000 deaths a year, according to Latham.

Roundworms, hookworms and whipworms also enhance the debilitating effects of malnutrition by causing anemia or decreasing absorption of nutrients or sapping the energy that comes from the protein in food, resulting in stunted growth and increased vulnerability to other infections.

In a recent study conducted in Kenya, Latham and other researchers from the Kenya Medical Research Institute and McMaster University in Canada showed that treating children with a single dose of an anti-worm drug, albendazole, brought highly significant improvements in growth rates over untreated children. The drug is seen as valuable because it is effective against each of the life-cycle stages of all three kinds of worms.

Treating a few thousand children in a study and getting good results is one thing, said Dr. Clive Shiff of the Johns Hopkins School of Public Health, but even for international agencies it’s another thing to do it on a global scale. “It’s ethically needed,” he said, “but not affordable.” Nevertheless, according to Dr. Peter Schantz of the U.S. Centers for Disease Control, interest in the drug approach is sufficient for CDC to be planning its own field trials to verify the positive findings of the Kenya and Montserrat studies.

INTESTINAL PARASITES PLAGUE THIRD WORLD HOOKWORM Larvae penetrate human skin (1), enter blood stream and are carried to heart (2), reach lung via pulmonary artery, penetrate alveoli and enter bronchi (3), ascend trachea to pharynx and are swallowed (4). Mature worms develop in duodenum and jejunum, bite into mucosa and suck blood (5). Fertilized ova discharged in feces (6). WHIPWORM Eggs are ingested with contaminated food (1), larvae leave egg and develop into adult forms (2), adult worms migrate to cecum and appendix where they live and reproduce (3). Fertilized eggs expelled in feces (4). ROUNDWORM Eggs ingested with food (1), larvae emerge in small intestine (2), penetrate gut wall and pass to heart (3), reach lung by pulmonary artery, penetrate alveoli and enter bronchi (4), ascend trachea to larynx and are swallowed (5). Larvae develop into adult worms in small intestine (6) and may pass to other organs. Eggs expelled in feces (7).


SCIENCE / MEDICINE : Intestinal Parasites Plague Third World : Health: A little-recognized problem is considered a roadblock to progress in developing nations.

The Third World is faced with numerous health and economic problems, but there is one little-recognized scourge that represents a significant roadblock to future prosperity in Third World countries: intestinal worms.

Diseases caused by parasites are a diverse group ranging from malaria to a number of illnesses that are largely unknown in developed countries and which require a variety of methods to control. A special category are the intestinal parasites, which until recently have received less attention because they have been considered to be relatively innocuous. The most common examples are hookworm, roundworm and whipworm.

Recent studies indicate that infections by these worms play a much larger role in sapping energy and well-being than previously believed. And the studies have spurred an increase in drug treatment of the afflictions, an approach that has proved highly controversial.

Perhaps only famine and malaria exceed intestinal worm infections as the leading producers of misery and economic loss in the developing world. International health experts estimate that the number of individuals infected today worldwide probably equals, or may even exceed, the number infected 50 years ago.

They say at least one-fourth of the 5 billion people living today have worms, often more than one kind. The vast majority are the same individuals in the developing world for whom malnutrition is also a primary cause of illness and lethargy.

“Perhaps as many as half of all cases of severe child malnutrition . . . are precipitated not primarily by the lack of food but by intestinal parasites, fever and infection--especially diarrheal infection--which depresses the appetite, burns the energy and drains away the body weight of the child,” declares James P. Grant, executive director of the United Nations Children’s Fund.

Experts warn that the problem of parasitic diseases in developing countries is so serious that neither economic development, population control nor foreign aid will suffice to foster prosperity in those countries until the diseases are controlled.

Dr. Andrew Davis, director of parasitic diseases for the World Health Organization, says: “It is unrealistic to expect rapid advancement in Third World countries, which, in addition to their economic misfortunes, are totally overburdened with crushing disease problems that diminish output of both individuals and communities.”

It has been known since the last century that sanitary facilities, clean water and personal hygiene are the ways to control intestinal worms. Except for pockets of infection due largely to refugee populations, that is why intestinal worms are not a major problem in the United States. International aid agencies have striven most of this century to improve sanitation and public awareness of sanitation’s essential role in the Third World by funding water purification and latrine-building projects and health education programs.

The World Health Organization currently is winding up a decade-long thrust to extend drinking water and sanitation services to hundreds of millions of people living in rural and urban slums. While gains have been made and the push will continue, UNICEF estimates that 800 million people still will be without access to safe water supplies and 1.3 billion will lack adequate sanitation services.

Another problem is the difficulty of persuading the people to change eons of habit by using latrines, which they view as confining and a nuisance to maintain. In one Mexican village where health workers finally managed to get the residents to use newly installed pit latrines, the cooperation ended abruptly when a child fell through the seat opening.

Although a wide selection of anti-worm drugs have been available for some time, physicians working in the developing world have been reluctant to use them on a wide scale. They believe that the absence of adequate sanitation facilities and good hygiene make widespread drug treatment economically useless because individuals soon become reinfected.

Recently, however, there have been signs that the traditional attitude toward drug treatment may be changing--but not without opposition from those who fear that treatment may lead to diminished attention to prevention through sanitation. In the last several years new studies have indicated that treating heavily infected children within a community has health benefits to the whole community that may justify the cost--even though the youngsters subsequently do become reinfected.

According to Dr. Michael C. Latham, director of the international nutrition program at Cornell University, studies over the last five years are revealing that the health consequences of infection in children--the most vulnerable age group--are far more serious than previously believed. For example, of the 1 billion people infected with roundworm, about a million acquire intestinal obstructions that result in between 50,000 and 100,000 deaths a year, according to Latham.

Roundworms, hookworms and whipworms also enhance the debilitating effects of malnutrition by causing anemia or decreasing absorption of nutrients or sapping the energy that comes from the protein in food, resulting in stunted growth and increased vulnerability to other infections.

In a recent study conducted in Kenya, Latham and other researchers from the Kenya Medical Research Institute and McMaster University in Canada showed that treating children with a single dose of an anti-worm drug, albendazole, brought highly significant improvements in growth rates over untreated children. The drug is seen as valuable because it is effective against each of the life-cycle stages of all three kinds of worms.

Treating a few thousand children in a study and getting good results is one thing, said Dr. Clive Shiff of the Johns Hopkins School of Public Health, but even for international agencies it’s another thing to do it on a global scale. “It’s ethically needed,” he said, “but not affordable.” Nevertheless, according to Dr. Peter Schantz of the U.S. Centers for Disease Control, interest in the drug approach is sufficient for CDC to be planning its own field trials to verify the positive findings of the Kenya and Montserrat studies.

INTESTINAL PARASITES PLAGUE THIRD WORLD HOOKWORM Larvae penetrate human skin (1), enter blood stream and are carried to heart (2), reach lung via pulmonary artery, penetrate alveoli and enter bronchi (3), ascend trachea to pharynx and are swallowed (4). Mature worms develop in duodenum and jejunum, bite into mucosa and suck blood (5). Fertilized ova discharged in feces (6). WHIPWORM Eggs are ingested with contaminated food (1), larvae leave egg and develop into adult forms (2), adult worms migrate to cecum and appendix where they live and reproduce (3). Fertilized eggs expelled in feces (4). ROUNDWORM Eggs ingested with food (1), larvae emerge in small intestine (2), penetrate gut wall and pass to heart (3), reach lung by pulmonary artery, penetrate alveoli and enter bronchi (4), ascend trachea to larynx and are swallowed (5). Larvae develop into adult worms in small intestine (6) and may pass to other organs. Eggs expelled in feces (7).


SCIENCE / MEDICINE : Intestinal Parasites Plague Third World : Health: A little-recognized problem is considered a roadblock to progress in developing nations.

The Third World is faced with numerous health and economic problems, but there is one little-recognized scourge that represents a significant roadblock to future prosperity in Third World countries: intestinal worms.

Diseases caused by parasites are a diverse group ranging from malaria to a number of illnesses that are largely unknown in developed countries and which require a variety of methods to control. A special category are the intestinal parasites, which until recently have received less attention because they have been considered to be relatively innocuous. The most common examples are hookworm, roundworm and whipworm.

Recent studies indicate that infections by these worms play a much larger role in sapping energy and well-being than previously believed. And the studies have spurred an increase in drug treatment of the afflictions, an approach that has proved highly controversial.

Perhaps only famine and malaria exceed intestinal worm infections as the leading producers of misery and economic loss in the developing world. International health experts estimate that the number of individuals infected today worldwide probably equals, or may even exceed, the number infected 50 years ago.

They say at least one-fourth of the 5 billion people living today have worms, often more than one kind. The vast majority are the same individuals in the developing world for whom malnutrition is also a primary cause of illness and lethargy.

“Perhaps as many as half of all cases of severe child malnutrition . . . are precipitated not primarily by the lack of food but by intestinal parasites, fever and infection--especially diarrheal infection--which depresses the appetite, burns the energy and drains away the body weight of the child,” declares James P. Grant, executive director of the United Nations Children’s Fund.

Experts warn that the problem of parasitic diseases in developing countries is so serious that neither economic development, population control nor foreign aid will suffice to foster prosperity in those countries until the diseases are controlled.

Dr. Andrew Davis, director of parasitic diseases for the World Health Organization, says: “It is unrealistic to expect rapid advancement in Third World countries, which, in addition to their economic misfortunes, are totally overburdened with crushing disease problems that diminish output of both individuals and communities.”

It has been known since the last century that sanitary facilities, clean water and personal hygiene are the ways to control intestinal worms. Except for pockets of infection due largely to refugee populations, that is why intestinal worms are not a major problem in the United States. International aid agencies have striven most of this century to improve sanitation and public awareness of sanitation’s essential role in the Third World by funding water purification and latrine-building projects and health education programs.

The World Health Organization currently is winding up a decade-long thrust to extend drinking water and sanitation services to hundreds of millions of people living in rural and urban slums. While gains have been made and the push will continue, UNICEF estimates that 800 million people still will be without access to safe water supplies and 1.3 billion will lack adequate sanitation services.

Another problem is the difficulty of persuading the people to change eons of habit by using latrines, which they view as confining and a nuisance to maintain. In one Mexican village where health workers finally managed to get the residents to use newly installed pit latrines, the cooperation ended abruptly when a child fell through the seat opening.

Although a wide selection of anti-worm drugs have been available for some time, physicians working in the developing world have been reluctant to use them on a wide scale. They believe that the absence of adequate sanitation facilities and good hygiene make widespread drug treatment economically useless because individuals soon become reinfected.

Recently, however, there have been signs that the traditional attitude toward drug treatment may be changing--but not without opposition from those who fear that treatment may lead to diminished attention to prevention through sanitation. In the last several years new studies have indicated that treating heavily infected children within a community has health benefits to the whole community that may justify the cost--even though the youngsters subsequently do become reinfected.

According to Dr. Michael C. Latham, director of the international nutrition program at Cornell University, studies over the last five years are revealing that the health consequences of infection in children--the most vulnerable age group--are far more serious than previously believed. For example, of the 1 billion people infected with roundworm, about a million acquire intestinal obstructions that result in between 50,000 and 100,000 deaths a year, according to Latham.

Roundworms, hookworms and whipworms also enhance the debilitating effects of malnutrition by causing anemia or decreasing absorption of nutrients or sapping the energy that comes from the protein in food, resulting in stunted growth and increased vulnerability to other infections.

In a recent study conducted in Kenya, Latham and other researchers from the Kenya Medical Research Institute and McMaster University in Canada showed that treating children with a single dose of an anti-worm drug, albendazole, brought highly significant improvements in growth rates over untreated children. The drug is seen as valuable because it is effective against each of the life-cycle stages of all three kinds of worms.

Treating a few thousand children in a study and getting good results is one thing, said Dr. Clive Shiff of the Johns Hopkins School of Public Health, but even for international agencies it’s another thing to do it on a global scale. “It’s ethically needed,” he said, “but not affordable.” Nevertheless, according to Dr. Peter Schantz of the U.S. Centers for Disease Control, interest in the drug approach is sufficient for CDC to be planning its own field trials to verify the positive findings of the Kenya and Montserrat studies.

INTESTINAL PARASITES PLAGUE THIRD WORLD HOOKWORM Larvae penetrate human skin (1), enter blood stream and are carried to heart (2), reach lung via pulmonary artery, penetrate alveoli and enter bronchi (3), ascend trachea to pharynx and are swallowed (4). Mature worms develop in duodenum and jejunum, bite into mucosa and suck blood (5). Fertilized ova discharged in feces (6). WHIPWORM Eggs are ingested with contaminated food (1), larvae leave egg and develop into adult forms (2), adult worms migrate to cecum and appendix where they live and reproduce (3). Fertilized eggs expelled in feces (4). ROUNDWORM Eggs ingested with food (1), larvae emerge in small intestine (2), penetrate gut wall and pass to heart (3), reach lung by pulmonary artery, penetrate alveoli and enter bronchi (4), ascend trachea to larynx and are swallowed (5). Larvae develop into adult worms in small intestine (6) and may pass to other organs. Eggs expelled in feces (7).


SCIENCE / MEDICINE : Intestinal Parasites Plague Third World : Health: A little-recognized problem is considered a roadblock to progress in developing nations.

The Third World is faced with numerous health and economic problems, but there is one little-recognized scourge that represents a significant roadblock to future prosperity in Third World countries: intestinal worms.

Diseases caused by parasites are a diverse group ranging from malaria to a number of illnesses that are largely unknown in developed countries and which require a variety of methods to control. A special category are the intestinal parasites, which until recently have received less attention because they have been considered to be relatively innocuous. The most common examples are hookworm, roundworm and whipworm.

Recent studies indicate that infections by these worms play a much larger role in sapping energy and well-being than previously believed. And the studies have spurred an increase in drug treatment of the afflictions, an approach that has proved highly controversial.

Perhaps only famine and malaria exceed intestinal worm infections as the leading producers of misery and economic loss in the developing world. International health experts estimate that the number of individuals infected today worldwide probably equals, or may even exceed, the number infected 50 years ago.

They say at least one-fourth of the 5 billion people living today have worms, often more than one kind. The vast majority are the same individuals in the developing world for whom malnutrition is also a primary cause of illness and lethargy.

“Perhaps as many as half of all cases of severe child malnutrition . . . are precipitated not primarily by the lack of food but by intestinal parasites, fever and infection--especially diarrheal infection--which depresses the appetite, burns the energy and drains away the body weight of the child,” declares James P. Grant, executive director of the United Nations Children’s Fund.

Experts warn that the problem of parasitic diseases in developing countries is so serious that neither economic development, population control nor foreign aid will suffice to foster prosperity in those countries until the diseases are controlled.

Dr. Andrew Davis, director of parasitic diseases for the World Health Organization, says: “It is unrealistic to expect rapid advancement in Third World countries, which, in addition to their economic misfortunes, are totally overburdened with crushing disease problems that diminish output of both individuals and communities.”

It has been known since the last century that sanitary facilities, clean water and personal hygiene are the ways to control intestinal worms. Except for pockets of infection due largely to refugee populations, that is why intestinal worms are not a major problem in the United States. International aid agencies have striven most of this century to improve sanitation and public awareness of sanitation’s essential role in the Third World by funding water purification and latrine-building projects and health education programs.

The World Health Organization currently is winding up a decade-long thrust to extend drinking water and sanitation services to hundreds of millions of people living in rural and urban slums. While gains have been made and the push will continue, UNICEF estimates that 800 million people still will be without access to safe water supplies and 1.3 billion will lack adequate sanitation services.

Another problem is the difficulty of persuading the people to change eons of habit by using latrines, which they view as confining and a nuisance to maintain. In one Mexican village where health workers finally managed to get the residents to use newly installed pit latrines, the cooperation ended abruptly when a child fell through the seat opening.

Although a wide selection of anti-worm drugs have been available for some time, physicians working in the developing world have been reluctant to use them on a wide scale. They believe that the absence of adequate sanitation facilities and good hygiene make widespread drug treatment economically useless because individuals soon become reinfected.

Recently, however, there have been signs that the traditional attitude toward drug treatment may be changing--but not without opposition from those who fear that treatment may lead to diminished attention to prevention through sanitation. In the last several years new studies have indicated that treating heavily infected children within a community has health benefits to the whole community that may justify the cost--even though the youngsters subsequently do become reinfected.

According to Dr. Michael C. Latham, director of the international nutrition program at Cornell University, studies over the last five years are revealing that the health consequences of infection in children--the most vulnerable age group--are far more serious than previously believed. For example, of the 1 billion people infected with roundworm, about a million acquire intestinal obstructions that result in between 50,000 and 100,000 deaths a year, according to Latham.

Roundworms, hookworms and whipworms also enhance the debilitating effects of malnutrition by causing anemia or decreasing absorption of nutrients or sapping the energy that comes from the protein in food, resulting in stunted growth and increased vulnerability to other infections.

In a recent study conducted in Kenya, Latham and other researchers from the Kenya Medical Research Institute and McMaster University in Canada showed that treating children with a single dose of an anti-worm drug, albendazole, brought highly significant improvements in growth rates over untreated children. The drug is seen as valuable because it is effective against each of the life-cycle stages of all three kinds of worms.

Treating a few thousand children in a study and getting good results is one thing, said Dr. Clive Shiff of the Johns Hopkins School of Public Health, but even for international agencies it’s another thing to do it on a global scale. “It’s ethically needed,” he said, “but not affordable.” Nevertheless, according to Dr. Peter Schantz of the U.S. Centers for Disease Control, interest in the drug approach is sufficient for CDC to be planning its own field trials to verify the positive findings of the Kenya and Montserrat studies.

INTESTINAL PARASITES PLAGUE THIRD WORLD HOOKWORM Larvae penetrate human skin (1), enter blood stream and are carried to heart (2), reach lung via pulmonary artery, penetrate alveoli and enter bronchi (3), ascend trachea to pharynx and are swallowed (4). Mature worms develop in duodenum and jejunum, bite into mucosa and suck blood (5). Fertilized ova discharged in feces (6). WHIPWORM Eggs are ingested with contaminated food (1), larvae leave egg and develop into adult forms (2), adult worms migrate to cecum and appendix where they live and reproduce (3). Fertilized eggs expelled in feces (4). ROUNDWORM Eggs ingested with food (1), larvae emerge in small intestine (2), penetrate gut wall and pass to heart (3), reach lung by pulmonary artery, penetrate alveoli and enter bronchi (4), ascend trachea to larynx and are swallowed (5). Larvae develop into adult worms in small intestine (6) and may pass to other organs. Eggs expelled in feces (7).


SCIENCE / MEDICINE : Intestinal Parasites Plague Third World : Health: A little-recognized problem is considered a roadblock to progress in developing nations.

The Third World is faced with numerous health and economic problems, but there is one little-recognized scourge that represents a significant roadblock to future prosperity in Third World countries: intestinal worms.

Diseases caused by parasites are a diverse group ranging from malaria to a number of illnesses that are largely unknown in developed countries and which require a variety of methods to control. A special category are the intestinal parasites, which until recently have received less attention because they have been considered to be relatively innocuous. The most common examples are hookworm, roundworm and whipworm.

Recent studies indicate that infections by these worms play a much larger role in sapping energy and well-being than previously believed. And the studies have spurred an increase in drug treatment of the afflictions, an approach that has proved highly controversial.

Perhaps only famine and malaria exceed intestinal worm infections as the leading producers of misery and economic loss in the developing world. International health experts estimate that the number of individuals infected today worldwide probably equals, or may even exceed, the number infected 50 years ago.

They say at least one-fourth of the 5 billion people living today have worms, often more than one kind. The vast majority are the same individuals in the developing world for whom malnutrition is also a primary cause of illness and lethargy.

“Perhaps as many as half of all cases of severe child malnutrition . . . are precipitated not primarily by the lack of food but by intestinal parasites, fever and infection--especially diarrheal infection--which depresses the appetite, burns the energy and drains away the body weight of the child,” declares James P. Grant, executive director of the United Nations Children’s Fund.

Experts warn that the problem of parasitic diseases in developing countries is so serious that neither economic development, population control nor foreign aid will suffice to foster prosperity in those countries until the diseases are controlled.

Dr. Andrew Davis, director of parasitic diseases for the World Health Organization, says: “It is unrealistic to expect rapid advancement in Third World countries, which, in addition to their economic misfortunes, are totally overburdened with crushing disease problems that diminish output of both individuals and communities.”

It has been known since the last century that sanitary facilities, clean water and personal hygiene are the ways to control intestinal worms. Except for pockets of infection due largely to refugee populations, that is why intestinal worms are not a major problem in the United States. International aid agencies have striven most of this century to improve sanitation and public awareness of sanitation’s essential role in the Third World by funding water purification and latrine-building projects and health education programs.

The World Health Organization currently is winding up a decade-long thrust to extend drinking water and sanitation services to hundreds of millions of people living in rural and urban slums. While gains have been made and the push will continue, UNICEF estimates that 800 million people still will be without access to safe water supplies and 1.3 billion will lack adequate sanitation services.

Another problem is the difficulty of persuading the people to change eons of habit by using latrines, which they view as confining and a nuisance to maintain. In one Mexican village where health workers finally managed to get the residents to use newly installed pit latrines, the cooperation ended abruptly when a child fell through the seat opening.

Although a wide selection of anti-worm drugs have been available for some time, physicians working in the developing world have been reluctant to use them on a wide scale. They believe that the absence of adequate sanitation facilities and good hygiene make widespread drug treatment economically useless because individuals soon become reinfected.

Recently, however, there have been signs that the traditional attitude toward drug treatment may be changing--but not without opposition from those who fear that treatment may lead to diminished attention to prevention through sanitation. In the last several years new studies have indicated that treating heavily infected children within a community has health benefits to the whole community that may justify the cost--even though the youngsters subsequently do become reinfected.

According to Dr. Michael C. Latham, director of the international nutrition program at Cornell University, studies over the last five years are revealing that the health consequences of infection in children--the most vulnerable age group--are far more serious than previously believed. For example, of the 1 billion people infected with roundworm, about a million acquire intestinal obstructions that result in between 50,000 and 100,000 deaths a year, according to Latham.

Roundworms, hookworms and whipworms also enhance the debilitating effects of malnutrition by causing anemia or decreasing absorption of nutrients or sapping the energy that comes from the protein in food, resulting in stunted growth and increased vulnerability to other infections.

In a recent study conducted in Kenya, Latham and other researchers from the Kenya Medical Research Institute and McMaster University in Canada showed that treating children with a single dose of an anti-worm drug, albendazole, brought highly significant improvements in growth rates over untreated children. The drug is seen as valuable because it is effective against each of the life-cycle stages of all three kinds of worms.

Treating a few thousand children in a study and getting good results is one thing, said Dr. Clive Shiff of the Johns Hopkins School of Public Health, but even for international agencies it’s another thing to do it on a global scale. “It’s ethically needed,” he said, “but not affordable.” Nevertheless, according to Dr. Peter Schantz of the U.S. Centers for Disease Control, interest in the drug approach is sufficient for CDC to be planning its own field trials to verify the positive findings of the Kenya and Montserrat studies.

INTESTINAL PARASITES PLAGUE THIRD WORLD HOOKWORM Larvae penetrate human skin (1), enter blood stream and are carried to heart (2), reach lung via pulmonary artery, penetrate alveoli and enter bronchi (3), ascend trachea to pharynx and are swallowed (4). Mature worms develop in duodenum and jejunum, bite into mucosa and suck blood (5). Fertilized ova discharged in feces (6). WHIPWORM Eggs are ingested with contaminated food (1), larvae leave egg and develop into adult forms (2), adult worms migrate to cecum and appendix where they live and reproduce (3). Fertilized eggs expelled in feces (4). ROUNDWORM Eggs ingested with food (1), larvae emerge in small intestine (2), penetrate gut wall and pass to heart (3), reach lung by pulmonary artery, penetrate alveoli and enter bronchi (4), ascend trachea to larynx and are swallowed (5). Larvae develop into adult worms in small intestine (6) and may pass to other organs. Eggs expelled in feces (7).